El paciente de la 301

05

—    Sigo sin poder dormir bien— el paciente se gira hacia mí con ojos implorantes.
—   Si quiere, puedo recetarle unos tranquilizantes.
— No, no es eso. No puedo dormir, pero no quiero. Necesito que me quite toda la medicación. Me atonta demasiado y me quedo adormilado por las esquinas— el hombre clava sus ojos en el techo y suspira, desesperado—. Cada vez que me duermo, aunque sea por unos instantes, el monstruo se acerca.

Asiento y, sin dejar de mirarle a los ojos, escribo en mi informe “Recaída en los delirios psicóticos. Aumentar dosis de haloperidol”. Después le sonrío, tratando de mostrarme comprensivo.

— Sabe que son sólo sueños, ¿verdad? Por muy terribles que sean, no pueden hacerle daño.
— Sí que pueden— el sudor ha comenzado a resbalar por la cara del paciente y su respiración es cada vez más rápida—. Es lo mismo que le pasó a mi mujer. Yo tampoco la creí cuando me lo contaba. Pensé que estaba loca y no la ayude. Y ahora está muerta.

Me gustaría seguir mostrándome comprensivo, pero no soy capaz. No después de haber visto las fotos del crimen. El cuerpo de la mujer estaba tan destrozado que parecía haber sido atacado por animales salvajes. Golpes, mordiscos, arañazos… Una auténtica carnicería perpetrada por el hombre que ahora está sentado frente a mí, temblando en la silla mientras me mira con ojos suplicantes.

— Sé que usted puede ayudarme. Seguro que tiene alguna droga capaz de mantenerme despierto.
— Eso no sería bueno para usted. El sueño es un componente esencial para el equilibrio psicológico. No dormir sólo empeorará su enfermedad…
— ¡Yo no estoy enfermo!— el hombre se pone en pie y golpea con ambas manos sobre la mesa de mi despacho—. El monstruo es real y vendrá a por mí. Me atrapará, igual que la atrapó a ella.
— Por favor, tranquilícese y vuelva a sentarse— pulso con disimulo el botón que sirve para llamar a seguridad—. Ese monstruo no existe. Es solamente una proyección de su mente para combatir el sentimiento de culpabilidad por haber matado a su mujer.
— ¡Yo no la maté!— el hombre se inclina hacia mí sobre la mesa. Está tan cerca que diminutas gotas de su saliva me salpican las gafas cuando grita.
— Estaban ustedes solos, en una casa cerrada con llave. Su sistema de alarma no se activó y ningún vecino ni cámara de seguridad de las cercanías vio a nadie sospechoso— intentó que mi voz suene relajada y firme, pero las imágenes del crimen vuelven a mi mente. Sé lo que ese hombre es capaz de hacer sin llevar ningún arma encima. Espero que los de seguridad lleguen pronto—. La mejor manera de hacer desaparecer a ese monstruo es que usted empiece a aceptar lo que hizo.
— Yo no hice nada. Fue él— el hombre se derrumba en su silla y empieza a llorar como un niño, tapándose la cara con las manos—. Fue el monstruo. A mi mujer le habló de él una compañera de trabajo que también murió. Todo el que sabe de su existencia muere…

La puerta de la consulta se abre y entran dos hombres vestidos de blanco. Mi paciente los mira y solloza con más fuerza, pero se deja llevar sin ofrecer resistencia. Cuando salen, entra una de las enfermeras.
— ¿Cuánto tiempo lleva sin dormir el paciente?— le pregunto.
— Unos tres días.
— Sédenlo. Su estado está empeorando por la falta de sueño.

Ella asiente y sale de la consulta. Me reclino en mi sillón, me quito las gafas y me froto los ojos. Estoy agotado. Demasiados pacientes para pocos psiquiatras. Por suerte, éste era mi último caso de hoy. Sólo me queda revisar unos expedientes y podré marcharme a casa.
Ya estoy terminando mi trabajo cuando la enfermera vuelve a entrar sin llamar siquiera a la puerta. Está pálida y sus ojos están tan abiertos que parece que se le van a salir. Se queda plantada en el umbral, sin decir nada.

—    ¿Qué es lo que pasa, Ana?— le pregunto, levantándome del asiento.
— El paciente de la 301 está muerto— su voz es muy aguda, cercana a la histeria—. Le sedamos como nos dijo y ahora está muerto.
— No puede ser. Han debido confundirse con la dosis de la medicación.
— No, no es eso— ella me toma la mano y tira de mí—. Tiene que verlo.

Me lleva a la carrera hasta la habitación. Hay un montón de enfermeras y celadores apiñados junto a la puerta, tratando de encontrar un hueco para asomarse por la ventanilla de cristal. Cuando llego, todos se apartan y me dejan paso. Nada más mirar por el cristal, siento que mi corazón se salta unos latidos. Todo está lleno de sangre: la cama, las paredes, el techo…

Abro la puerta y doy un par de pasos dentro de la habitación. El cuerpo que descansa sobre la cama es irreconocible, un amasijo de sangre, piel desgarrada y vísceras. Notó una mano en mi brazo y me giro.

—    No debería entrar ahí hasta que llegue la policía— me sugiere uno de los celadores.

Las siguientes horas son un caos. La policía me interroga una y otra vez. En sus ojos veo que están haciéndose las mismas preguntas que yo me hago. La hipótesis del suicidio ha sido descartada de inmediato. Es imposible que alguien pueda hacerse eso a sí mismo, más aún estando sedado, pero, ¿cómo es posible que ese paciente haya sido asesinado en una habitación cerrada dentro de una prisión psiquiátrica de máxima seguridad?

Ya es noche cerrada cuando consigo volver a casa. Me tomó un vaso de leche caliente antes de irme a la cama. Después de lo que he visto hoy, no podría comer nada más. A pesar de que doy muchas vueltas y de que mi cerebro se niega a desconectar, al fin consigo quedarme dormido.

Me despierto de madrugada, aterrado y tembloroso, cubierto por una fría capa de sudor. He soñado con el monstruo. No lo he visto muy bien, estaba muy oscuro. Sólo sé que, para cuando conseguí despertarme del sueño, ya estaba un poco más cerca.

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El espejo

Nada más desempaquetarlo, volví a alegrarme por haber encontrado aquella ganga. Era precioso, una perfecta imitación de un espejo antiguo. Pasé los dedos por las suaves curvas talladas en el oscuro marco de madera, que parecía labrado a mano. Era una obra de arte. No podía creerme que sólo me hubiese costado veinte euros.

Lo llevé con cuidado a la habitación. Medía más de un metro y pesaba bastante. Lo colgué sobre la cómoda y di unos pasos atrás para contemplar cómo quedaba. Era perfecto para el estilo vintage que había elegido para mi dormitorio. Recogí del suelo un jarrón con flores secas para colocarlo sobre la cómoda y contemplar el efecto completo. Al subir la cabeza, me pareció ver algo en el espejo, una leve sombra en su superficie, pero, al segundo siguiente, lo único que vi fue mi propia imagen con un jarrón de flores en las manos. Lo coloqué y me marché a trabajar.

Aquella noche me acosté a las diez, como hacía siempre, y pasé la siguiente media hora leyendo. Cuando noté que los párpados comenzaban a pesarme, apagué la luz de la mesilla. Un rato después, comencé a escuchar un extraño ruido. En un primer momento, me pareció un sonido lejano, quizá parte de un sueño que se negaba a desvanecerse. Traté de seguir durmiendo, pero el sonido se repitió. Era como si algo pequeño golpease contra un cristal, una vez y otra vez y otra… Me senté en la cama, tratando de averiguar la causa de ese sonido. ¿Habría alguien tirando piedras contra mi ventana? Era imposible, vivía en un quinto piso. Me planteé que podría ser un pájaro, pero entonces recordé que tenía la persiana bajada. ¿Qué era ese sonido entonces? Los golpes volvieron a repetirse, creciendo en frecuencia e intensidad. Sentí como toda la sangre de mi cuerpo se congelaba y mis miembros se paralizaban. El sonido provenía de dentro de mi habitación, del espejo situado sobre la cómoda. Durante unos momentos me planteé que alguien había entrado en mi casa, que encontraba un sádico placer en advertirme de su presencia y que me mataría en cuanto se diese cuenta de que estaba despierta. Con la mano temblorosa, palpé el cabecero de la cama hasta encontrar la luz de la mesilla. Mi respiración acelerada ya debía haber advertido al intruso de que le había descubierto. Tendría más posibilidades de defenderme si podía verlo. Encendí la luz, pero allí no había nadie. Estaba sola en mi habitación.

Me levanté, corrí a la cocina y, tras elegir el cuchillo más grande, revisé toda la casa. No había nadie. Poco a poco me fui calmando y los latidos de mi corazón volvieron a la normalidad. Sólo había sido una de esas alucinaciones que se dan entre la vigilia y el sueño. Había oído hablar de ellas en Cuarto Milenio. No había nada de lo que asustarse.

A la mañana siguiente me levanté sintiéndome cansada y ridícula. Contemplé el espejo y le lancé una sonrisa burlona a mi reflejo. Me preparé y fui a hacer unas compras. Cuando regresé, me di una ducha y me vestí para ir a trabajar. Cuando fui a contemplar mi aspecto en el espejo, vi que el jarrón estaba volcado, caído hacia delante. Tuve el ridículo pensamiento de que alguien lo había empujado desde el otro lado del espejo y un nuevo escalofrío recorrió mi espalda. Me reñí por lo tonta que podía llegar a ser y me prohibí a mí misma ver películas de terror durante una temporada, al menos hasta que aprendiese a controlar mi imaginación desbocada.

De nuevo llegó la noche. Me metí en la cama sintiéndome intranquila. Notaba todos los músculos en tensión y una especie de corriente eléctrica parecía surcar mi piel. Tenía que acabar con aquella tontería. No podía dejar que un miedo ridículo me expulsase de mi propia casa. Respiré lentamente un par de veces, apagué la luz de la mesilla y me tapé hasta la nariz con las mantas mientras le daba la espalda al espejo.

Al cabo de un rato comenzó de nuevo. Al principio fue tan tenue que pensé que lo estaba imaginando. Alguien daba golpecitos al cristal y lo arañaba lentamente con las uñas. Me senté en la cama, temblando en la oscuridad, sin saber qué hacer. Los golpes fueron haciéndose más fuertes, más apremiantes, más desesperados… Encendí la luz y contemplé el espejo, sin poder moverme de la cama, con la mirada hipnotizada por su superficie. Y entonces lo vi. El cristal comenzaba a deformarse, como si estuviera hecho de tela y alguien apretase desde el otro lado. Incluso distinguí la forma de dos pequeñas manos empujando, clavando las uñas para tratar de rasgarlo.

Mi cuerpo tomó el control. Tenía que huir de allí antes de que aquel ser consiguiera salir. Recogí a toda prisa la ropa que acababa de quitarme y mi bolso y salí de casa a la carrera. Me cambié en el ascensor y dediqué la noche a recorrer las calles desiertas de la ciudad, tratando de calmarme. Ya no podía engañarme. Sabía que no estaba dormida, que no había sido un sueño. Tenía que librarme de aquel espejo.

Esperé hasta que se hizo de día, hasta que el sol brillante y el ruido de la ciudad despierta me dieron el valor suficiente para regresar. Entré en mi habitación temblando, temiendo que el ser hubiera conseguido salir de su encierro y estuviera esperándome, pero sólo encontré mi dormitorio de siempre y un espejo normal que me mostraba mi rostro ojeroso y desquiciado. Sin dudarlo un segundo, cogí una bolsa grande de basura y, tras descolgar el espejo, lo metí dentro. A pesar de que era pesado y difícil de llevar, salí de casa lo más rápido que pude y lo tiré a un contenedor. Escuché cómo se destrozaba en mil pedazos. Siete años de mala suerte para mí. Me dio igual, me pareció un precio pequeño por haberme librado de él.

Regresé a casa sintiéndome libre y feliz. Estaba segura de que, en unos días, podría convencerme a mí misma de que todo había sido producto de mi imaginación, del estrés de los últimos meses. Era normal: acababa de romper con mi novio de toda la vida y no conseguía acostumbrarme a vivir sola, estaba preocupada por conseguir un ascenso en el trabajo… Toda aquella línea de pensamientos se detuvo en cuanto entré en mi habitación. El espejo estaba allí, sobre la cómoda, como si nunca lo hubiera movido.

Salí de la habitación caminando hacia atrás, sin separar la vista del espejo, como si temiera que en cualquier momento fuera a atacarme. Pero no ocurrió nada. El espejo fingía ser un espejo normal. No pasaría nada hasta que llegará la noche.

Fui al salón, encendí mi portátil y empecé a buscar información: según la magia china, los espejos servían para invocar demonios; según las tradiciones irlandesas, había que cubrirlos cuando alguien moría en la casa para evitar que su espíritu quedase atrapado dentro… Nada de aquello me servía. Sólo se me ocurría una solución. Abrí la página que necesitaba y comencé a escribir:
Vendo espejo de un metro de alto. Estilo vintage con marco de madera de roble envejecida en perfecto estado. Veinte euros. Gastos de envío incluidos.

Gran sorteo en el blog Dragones en el páis de los libros

 

¿Todavía no te has leído todas mis novelas? Si te falta alguna, el blog Dragones en el país de los libros te da la oportunidad de conseguirla en digital. Esto es lo que se sortea:

– Un ejemplar de La red de Caronte
– Un ejemplar de Ojo de gato
– La trilogía Viajes a Eilean (en este caso son 3 libros para un ganador)
– Un ejemplar de Zhilan

Así que no habrá un solo ganador, sino cuatro. ¡Anímate a participar!

Para hacerlo, tienes que pasarte por su blog:

Sorteo en el blog Dragones en el país de los libros

¡Mucha suerte a todos!

Entrevista en el blog Dragones en el país de los libros

Dragones en el país de los libros

Hoy os traigo la entrevista que Alicia, del blog Dragones en el país de los libros, me hizo hace unas semanas. En ella podéis encontrar datos sobre mí y sobre Zhilan, mi última novela publicada.

Espero que os guste. Os dejo el link por si queréis leerla allí directamente y también os copio aquí la entrevista íntegra:

Entrevista en Dragones en el país de los libros

Entrevista a Gemma Herrero Virto

Gemma Herrero Virto es una autora española de quién he tenido el placer de leer algunas de sus novelas: La red de Caronte y Zhilan. El hombre confuso, el chino muerto y los gatos parlantes (la última que ha publicado). Dos novelas que he leído y reseñado en el blog y que me han encantado. Pero no sólo ha escrito esas dos. También es probable que la conozcáis por la trilogía Viajes a Eilan o por Ojo de gato. En cualquier caso si no lo habéis hecho os recomiendo que le déis una oportunidad.

Así que estoy realmente contenta de poder traer esta entrevista y que podamos conocerla un poquito mejor.

  • Háblanos un poco sobre la novela Zhilan. El hombre confuso, el chino muerto y los gatos parlantes. 

Zhilan es una novela diferente a todo lo que he escrito. Es más divertida, más emocionante y, sobre todo, más loca. Es una historia de amor y aventuras en la que hay persecuciones, carreras, explosiones, tiros… y gatos que hablan. Álex, el protagonista, es un chico totalmente normal que lleva una vida totalmente normal y que, de repente, se encuentra inmerso en una historia en la que tiene que ser el héroe sin estar preparado para ello y en la que nada parece tener sentido.

  • ¿A qué tipo de lectores se la recomiendas principalmente? 

Hay gente que, como hay un dibujo de un gato en la portada y el título habla de gatos parlantes, cree que es una novela para niños, pero no es así. Hay muertos por todos lados y alguna que otra escena de sexo, así que está dedicada a un público adulto (aunque yo no me meto en lo que la gente quiera que lean sus hijos, pero que conste que ya he avisado).

Recomiendo esta novela a la gente que quiera pasar un rato entretenido, a los que les gustan esas novelas que, una vez que las empiezas, ya no puedes parar. La recomiendo a esa gente que está dispuesta a creer que en nuestro mundo sigue habiendo un lugar para la locura, para las cosas que se escapan de la lógica, para la magia… Sé que no estoy sola en mi locura, que somos muchos.

  • ¿Cómo nació tu pasión por la literatura? 

Creo que antes incluso de que aprendiese a leer. Cuando tenía tres o cuatro añitos, mi madre me leía cuentos y, como de pequeña tenía memoria fotográfica, yo después se los “leía” a mi hermana pequeña sin saltarme una coma.

Una vez que aprendí a leer, se convirtió en una obsesión. Casi se podría decir que no hacía otra cosa que leer. Era un peñazo de niña. Después empecé a escribir pequeños cuentos que ilustraba yo misma y a soñar con ser escritora.

Olvidé todo aquello en la adolescencia, pero, después de la universidad, en una temporada en la que estuve en paro, me apunté a un taller de literatura creativa y ahí comenzó todo.

  • ¿Tienes alguna manía o costumbre a la hora de ponerte a escribir? 

No muchas. Me gusta ponerme una bebida caliente y algo de música. No necesito nada más.

Con la música sí soy un poco especialita. Tiene que ser música en inglés de la que no me sepa la letra, porque si no, me pongo a cantar y así no hay quien escriba. Además, suelo escoger un género musical que vaya con la novela. La red de Caronte la escribí a ritmo de blues; Ojo de gato con gótico romántico, Viajes a Eilean con música celta…

  • ¿Cuáles son los autores a los que más lees? 

Los autores a los que más he leído son Stephen King (son una auténtica friki-fan suya) y Terry Pratchett. También me gusta mucho Murakami o J.K. Rowling.

En los últimos meses he descubierto a Neil Gaiman y me está encantando. Creo que por fin he encontrado a un autor que está tan loco como yo.

  • Tu libro favorito es… 

Me gustan muchísimos, pero si hay que mojarse, elegiré la serie de La torre oscura de Stephen King. (Sí, lo sé. No es un libro, son ocho, pero espero que me perdones la trampa).

Perdonada 🙂

  • ¿Qué opinas de la publicación de libros autoeditados? 

Para mí ha sido una auténtica liberación, el camino que me ha permitido cumplir mis sueños. Probé con la edición tradicional y tuve una experiencia espantosa, en la que acabé con mi primera novela secuestrada y los derechos de las cinco siguientes comprometidos con una editorial que no hacía nada por mi obra (ni promocionarla, ni distribuirla, ni pagarme).

Por suerte, pude liberar mis derechos y, después de la insistencia de mi pareja, decidí probar con la autoedición, sin tener demasiadas esperanzas en que fuese a funcionar. Desde ese momento, mi sueño comenzó a cumplirse: miles de libros en las manos de lectores de más de cincuenta países.

Por eso, yo sólo puedo hablar maravillas de la autoedición. Creo que, además, los lectores están empezando a ver que nuestros libros, a pesar de no estar avalados por una editorial tradicional, tienen la misma calidad, que escribimos historias originales y únicas y que cuidamos todos los detalles. Poco a poco, estamos abriéndonos camino.

  • ¿Prefieres leer libros en papel o en digital? 

Yo era una acérrima defensora de los libros en papel. Me gusta todo de ellos: el tacto de las páginas, su aroma, verlos en las estanterías…  Me costó pasarme a los libros en digital, pero ahora que lo he probado, les veo muchísimas ventajas: son más baratos, puedes llevar ochenta libros en el bolso sin arriesgarte a una lesión de espalda y ya no tengo que plantearme que debería quitar muebles de mi casa para poner más estanterías.

  • ¿Qué estás leyendo en estos momentos? 

Acabó de terminar Battle Royale, de Toushun Katami, que es una novela parecida a Los juegos del hambre, pero escrita mucho antes, y que me ha gustado mucho. Ayer mismo empecé Coraline de Neil Gaiman. Es un libro muy raro, porque parece un libro para niños (la protagonista es una niña pequeña y también hay un gato que habla, como en Zhilan,  mi novela), pero hay fantasmas, padres secuestrados y suplantados por otros, una mansión muy tenebrosa… No sé si es un libro infantil de terror o una novela para adultos con un planteamiento infantil.

  • Ya por último, háblanos un poquito sobre tus otras novelas y dinos cuál es tu favorita. 

Os cuento un poco de cada una, aunque elegir una favorita me va a costar. Es como si le pidieras a una madre que escogiese entre sus hijos.

La red de Caronte, mi primera obra, es una novela policiaca en la que una forense novata, un experto inspector de homicidios y un friki informático tratan de detener a un asesino en serie que enamora a sus víctimas, adolescentes tímidas y solitarias, a través de Internet. Por lo que dicen todos mis lectores, es una novela emocionante, que te atrapa y que no te deja soltarla, con unos personajes muy divertidos.

Ojo de gato es una novela de suspense paranormal. La protagonista, una antropóloga forense deprimida porque acaba de descubrir que su marido lleva meses siéndole infiel, se muda a un pequeño pueblo para tratar de realizar la reconstrucción facial del cráneo de una chica asesinada allí unos quince años atrás. En cuanto llega al pueblo, empiezan a sucederle extraños fenómenos: episodios de sonambulismo, fenómenos paranormales, amenazas para que abandone el caso, asesinatos… Es una novela que mezcla elementos de investigación con fenómenos paranormales.

Mis tres siguientes obras (Iniciación, Arcanos y La ley de lo triple) forman la trilogía de fantasía Viajes a Eilean. En ella, Luna, la protagonista, descubre, al pasar un verano con su tía, que desciende de una antigua estirpe de hechiceras. Su tía muere durante la realización de un ritual, pero Luna acaba descubriendo que no está muerta, sino atrapada en un mundo paralelo llamado Eilean, en el que habitan todas las personas que fueron ajusticiadas en la Tierra acusadas de brujería. Luna decide pasar a ese mundo para rescatarla, sin saber que está a punto de comenzar una aventura que cambiará para siempre el destino de Eilean y el suyo propio.

Si tengo que elegir alguna, creo que me quedo con Viajes a Eilean (Sí, lo sé. Vuelvo a hacer trampa al escoger tres). Creo que lo tiene todo: amor, aventuras, magia, luchas a espada, batallas, humor… Además, es una historia que tardé mucho tiempo en escribir y acabé cogiéndole mucho cariño a sus personajes.

Por cierto, para los que quieran animarse a leer la trilogía, el primer libro (Iniciación) puede descargarse gratuitamente en muchas páginas como Amazon, Play Store, La casa del libro o Lektu. Espero que os animéis 😉

¡Muchas gracias por tu tiempo Gemma!

NOSOTROS ESCRIBIMOS, NOSOTROS DECIDIMOS

Un fantástico artículo de la escritora Mercedes Pinto sobre el orgullo de ser escritor independiente.

 

A veces me pregunto si los lectores saben las horas que hay detrás de cualquier obra bien escrita y nacida de las tripas del autor. Mi caso es como el de miles de autores independientes, híbridos, …

Origen: NOSOTROS ESCRIBIMOS, NOSOTROS DECIDIMOS

EL PATRIMONIO DE UN ESCRITOR

Más reflexiones sobre el polémico tema de las descargas ilegales en el blog Sueltapestes de Attradis.

Sueltapestes

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EL PATRIMONIO DE UN ESCRITOR

En los últimos días está llevándose a cabo una agria discusión en el Twitter de Lorenzo Silva sobre descargas ilegales. Huelga decir que nadie lo llama así. Lo llaman piratería, que es como le gusta llamarlo a los autores.

Lo primero que hay que decir es que el tal Lorenzo Silva tiene una pésima educación. No me refiero a ésa que te pueden comprar tus padres llevándote a un buen colegio o una buena universidad a estudiar derecho, no. Me refiero a ésa que tus padres te regalan enseñándote a comportarte y creando en tu mente una escala de valores y una ética vital. En definitiva, es un maleducado.

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Reseña de Zhilan en el blog Dragones en el país de los libros

Hoy se ha publicado en el blog Dragones en el país de los libros una nueva reseña sobre Zhilan, mi última novela. Estoy muy contenta con la reseña porque a Alicia, la encargada de ese blog, le ha gustado todo sobre la novela: la trama, los personajes, el final, hasta los dibujos de cada capítulo. Es genial recibir una opinión así.

Si vosotros también queréis disfrutar con la novela, aquí tenéis los enlaces:

Enlace a Amazon

Enlace a Google Play

Versión impresa

Y, si queréis probar con los primeros capítulos, sólo tenéis que pulsar en la imagen de la portada que tenéis aquí debajo para empezar a leerlos. Os aviso de que, si empezáis, es muy probable que ya no podáis dejarlo 😉

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Os dejo ya con la reseña. Si queréis leerla directamente en el blog, aquí tenéis el enlace:

Reseña de Zhilan en el blog Dragones en el país de los libros

Como siempre, os copio aquí la reseña íntegra:

Zhilan. El hombre confuso, el chino muerto y los gatos parlantes es la última novela de la autora Gemma Herrero Virto. Una autora a quién ya había tenido el placer de leer con la novela La red de Caronte (podéis leer la reseña aquí), que me encantó y me mantuvo enganchadísima de principio a fin. Pues bien, de nuevo lo ha conseguido. Fue comenzar y no poder parar de leer hasta terminarlo. Y es que al margen de la trama de la novela, el estilo de Gemma me lleva a que parezca que estoy viendo una película, en este caso una de acción e intriga aderezada con una parte sobrenatural (muy apropiada para quién, como yo, adore a los gatos).
La historia está narrada en primera persona por Álex, el protagonista. Quién se verá envuelto en una guerra entre mafias chinas por encapricharse (y enamorarse) de Zhilan, una camarera de un restaurante chino al que acude a investigar tras descubrir los acontecimientos de los que nos habla la sinopsis. Junto a ella escapar de la muerte se convertirá en su día a día, eso y descubrir porqué extraño motivo puede entender a los gatos (como podréis adivinar esta es la parte sobrenatural de la historia).
Además de todo lo dicho la novela también tiene sus toques de humor, especialmente por todo lo que a Álex se le pasa por la cabeza en lo referente a entender a los gatos y en sus pensamientos más íntimos sobre Zhilan. Porque reconozcámoslo, Álex está total y absolutamente  “pillado” por esta chica, y esto les llevará también a alguna que otra escena tierna e íntima entre ambos que Gemma ha sabido describir con elegancia.
Un detalle que me ha gustado mucho es que en cada uno de los veinticinco capítulos que componen la novela encontramos al comienzo la imagen de un gatito jugando, y también en la nota que la autora nos deja al final y que nos permite además saber un poquito más sobre la creación de tan curiosa historia.
En conclusión, una novela que ha resultado ser mucho más de lo que a simple vista parecía. Divertida, llena de acción y momentos disparatados que me han mantenido pegada a sus páginas. Y con un final sorprendente que a mí personalmente me ha dejado totalmente conforme. Así que sin duda os recomiendo que le deis una oportunidad.
Gracias a la autora por la novela. La he disfrutado mucho.