Anoche tuve un sueño muy raro

Anoche me encontré de repente caminando por un oscuro laberinto. Había muchos caminos, excavados en la roca. Las paredes eran húmedas y resbaladizas y el suelo se inclinaba poco a poco, haciendo que me introdujese más y más en las profundidades.

No estaba sola. Delante de mí caminaba una anciana vestida de negro. Era muy pequeña y caminaba encorvada, portando una antorcha. Yo la seguía, tratando de no perderla, ya que no había más luz en aquel lugar que la que ella llevaba. La anciana no decía una palabra. Lo único que se escuchaba en aquel lugar era el ruido de nuestros pasos sobre el suelo de roca.

En el lado derecho del camino se alzaban puertas, una cada pocos metros. Eran puertas de madera oscura y envejecida. En cada una de ellas había una cerradura de hierro oxidado. La mujer caminaba sin prestar atención a aquellas puertas cerradas, pero, de vez en cuando, se detenía frente a una de ellas, rebuscaba en el enorme llavero que llevaba a la cintura y la abría para mí. Una vez abierta, se retiraba un par de pasos y me dejaba mirar.

Detrás de cada puerta había un mundo diferente, una historia que contar. Había dragones luchando contra vaqueros, jóvenes perdidamente enamorados, una mujer prehistórica abducida por extraterrestres, un demonio expulsado a la tierra… Yo miraba cada una de las historias y negaba con la cabeza. La anciana esperaba a que yo le diese una explicación. “Esta historia ya está contada”, “ésta no me gusta”, “no sabría cómo contar esto”… Tras darle mi explicación, la anciana cerraba la puerta y continuábamos andando.

Yo empezaba a ponerme nerviosa, pensando que quizá la historia que necesitaba estaba en alguna de las puertas que habíamos dejado atrás y que la anciana no había abierto o que quizá ni siquiera estaba dentro de este laberinto. Y ahí se acababa el sueño.

Sé lo que significa. Durante los dos últimos años siempre he tenido una historia que escribir. Primero tenía que terminar Viajes a Eilean y, antes de terminar La ley de lo triple, me llegó la idea para escribir Zhilan. Pero ahora que la he estrenado, no tengo nada. Es una sensación rara e incómoda y hace que me entre el miedo de que quizá ya no haya más.

Sé que es ridículo, que encontraré más historias, pero espero que no tarde mucho. Me siento rara sin darle vueltas a la cabeza, sin crear personajes, planear escenas o mantener diálogos en mi cabeza. Espero que la vieja de mi sueño vuelva una de estas noches y por fin me guíe hacia la puerta correcta. Nunca me ha gustado estar pérdida en laberintos.

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