#TodosSomosParis

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Como imaginaréis por el título, hoy no voy a hablaros de mis novelas, de títulos ni de portadas. Hoy quiero hablar de una historia de terror más terrible que la de cualquier novela y que, además, es real: la de los bárbaros atentados terroristas que sacudieron ayer la ciudad de París.

No voy a hablar de las cifras de muertos ni heridos, en las que ni siquiera los medios informativos se ponen de acuerdo, ni de las reacciones de los políticos, ni de si hay razones para esta sinrazón. Quiero hablar del miedo. Ayer, cuando me fui a la cama, no podía dormir pensando en lo que debería ser estar en París. Cientos de militares y policías patrullando las calles como si estuvieran en guerra, sirenas de ambulancias, bomberos y policía, noticias contradictorias en las cadenas de televisión, gente que trataba de volver a refugiarse en su casa y que se encontraba sin modo de hacerlo… Me preguntaba cómo sería irse a dormir temiendo que pueda haber más bombas que aún no han estallado, preguntándose si será seguro salir al día siguiente a la calle, si deberías ir a trabajar el lunes, si tendrás el valor de dejar a los niños en el colegio…

Creo que eso es el mayor crimen que pueden cometer contra nosotros los terroristas y que eso es exactamente lo que pretenden hacer: quitarnos la libertad y cambiarla por miedo. Con sus acciones pretenden que no podamos ir a tomar algo a una terraza, que no nos atrevamos a ir a un restaurante, que temamos meternos en grandes aglomeraciones o coger el metro. Quieren robarnos nuestro modo de vivir y que evaluemos cada acción cotidiana con temor, que nos planteemos si deberíamos hacer algo o no hacerlo porque puede ser demasiado arriesgado.

Un atentado como el de ayer les supone un coste en infraestructura y en vidas. Hay que juntar a un grupo de fanáticos lo bastante locos como para saber que no pasarán de esa noche y que les dé igual, hay que llevarlos hasta la ciudad que se pretende atacar, conseguir que la policía no los detecte… Eso, gracias a Dios, no puede hacerse todos los días y, si las consecuencias no fuesen a pasar de los muertos que van a causar, no merecería la pena. Pero, a cambio de inocular el miedo en toda la población, no sólo de París sino de toda la sociedad occidental, sí que merece la pena.

Ése es su gran triunfo: que la gente no pueda hacer su vida normal, que teman que haya un yihadista en cada esquina, que los llevemos metidos en nuestro pensamiento y nos planteemos si será seguro salir, ir al fútbol o a un concierto… No tendrán que venir a quitarnos nuestra libertad, ni tendrán que obligarnos a cambiar nuestras costumbres porque lo haremos nosotros mismos. El miedo a que haya un terrorista tras cada esquina es tan efectivo como tenerlos de verdad, pero mucho más barato.

Sin embargo, tengo una mala noticia para ellos: no van a ganar. Ayer, después de que un puñado de sus fanáticos extendieran el terror por todo París, la gente recogía a otras personas en sus coches para llevarlos a donde vivían, abría sus casas a desconocidos para que pudieran refugiarse, incluso anunciaban por Twitter que sus puertas estaban abiertas para el que lo necesitara. Ayer, mientras las bombas sonaban por todo París, sin que se pudiese saber si quedaban más y dónde explotarían, la gente evacuaba el Stade de France cantando La Marsellesa.

Supongo que el segundo vídeo os sonará. Es la escena de la película Casablanca en la que los franceses se enfrentan a los soldados alemanes cantando La Marsellesa. La primera vez que la vi se me pusieron los pelos de punta y ayer, al ver a los aficionados franceses cantarla mientras salían evacuados del estadio, volví a sentir lo mismo. No es tan ingenuo como enfrentarse a las balas con canciones (ojalá pudiera hacerse). Es demostrar que no tenemos miedo, que estamos orgullosos de ser quienes somos y que no van a doblegarnos. Ése creo que es el camino que nos llevará a la victoria. Es nuestra manera de decirles que da igual las barbaridades que cometan y el miedo que nos provoquen. Somos más y somos mejores. Puede que nos queden muchas lágrimas que verter, pero al final GANAREMOS.

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2 Respuestas a “#TodosSomosParis

  1. No van a conseguir cambiar nuestras vidas, eso seguro. Dentro de un par de semanas las discotecas de Paris estaran llenas de nuevo y las terrazas tambien. Somos demasiado bobos como para pensar que nos puede pasar a nosotros.

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