Primer encuentro de escritores autopublicados de Amazon Academy (1ª parte)

Amazon AcademyComo os había prometido, voy a contaros mi fin de semana en Madrid para asistir al primer encuentro de escritores autopublicados de Amazon Academy.

Para empezar, y tal como me temía, me perdí. Pero no me perdí en medio de Madrid, un sitio enorme e inhóspito, una auténtica jungla para alguien con mi pésimo sentido de la orientación. No, me perdí en Termibus, la estación de autobuses de Bilbao, en la que ya he estado como mil veces.

La cosa es que había quedado por Blablacar con unas chicas para ir juntas hasta Madrid y me dijeron que me esperarían en la puerta de Termibus por la que entran y salen los autobuses. Me metí dentro de la estación de autobuses para comprar unas galletas y, de repente, con toda la gente y los autobuses que había, no era capaz de encontrar dónde estaba la dichosa salida de los autobuses. Después de darle dos vueltas a toda la estación sin encontrarla, decidí volver a salir y rodear la estación por fuera.

El viaje de ida fue bastante desastroso. Cuando llegué, estaban limpiando el portaequipajes porque la madre de una de ellas se había empeñado en que se llevaran un tupper con marmitako y se les había caído todo, así que nos pasamos todo el viaje oliendo a comida. La chica que iba a mi lado en el asiento de atrás se durmió nada más salimos y las dos que iban en el asiento de delante pusieron música, así que ya no se podía hablar.

¿Qué decir de la música? Parecían canciones de Eurovision representantes de países del este de Europa. Raras y malas a rabiar. Traté de aguantar todo lo que pude, pero, cuando me pusieron una versión trash metal de “Every breath you take” de Police, no pude soportarlo más y tuve que gritarles “Por Dios, ¿qué le han hecho a esa canción?”. Ahí debí darles pena y pusieron la radio.

El viaje fue larguísimo, casi cinco horas, con una excursión no planeada por carreteras secundarias de La Rioja porque la conductora se perdió. Cuando llegamos a Madrid eran casi las doce de la noche.

Lo curioso es que entrar en el metro y encontrar la línea que me llevaba hasta mi hotel, que era lo que más miedo me daba, me resultó facilísimo. ¿Creéis que aquí acaban mis penas? Nada más lejos de la realidad, acababan de empezar.

Como este evento me pilló a fin de mes y una habitación en Madrid cuesta un ojo de la cara (y además, con la cantidad de historias sobre habitaciones encantadas que hay por ahí, me daría cosa dormir sola), me pille una plaza en un albergue. El sitio era muy mono: un antiguo palacete del siglo XIX perfectamente rehabilitado y con habitaciones sólo para chicas. Llego al sitio y me atiende un chico holandés majísimo que me explica todo, me asigna una habitación, me da la tarjeta para abrir y me dice que, aunque ya esté cerrada la cocina, puedo usar los microondas para hacerme algo de comer.

U hostel literas

Las literas causantes de mi desgracia

Subo a la habitación y me encuentro a todo el mundo ya dormido. Saco una linterna y me doy cuenta de que todas las literas de abajo están ocupadas. Me quedo petrificada, mirando las literas de arriba, que a mí me parece que deben estar a 10 o 20 metros de altura. No sé si os lo he comentado alguna vez, pero tengo un vértigo terrible. Soy incapaz hasta de subirme a un taburete, así que para mí esas literas eran tan inaccesibles como el Everest.

Vuelvo a bajar y le explicó al chico de recepción mi problema. Consulta el ordenador y me dice que lo siente, pero que sólo le quedan libres las dos literas superiores que hay en mi habitación y que no puede hacer nada. Así que le pido permiso para bajar el colchón y dormir en el suelo. El tío lo flipa tanto, que me dice que vale.

Vuelvo a subir y, a la luz de una linterna, me pongo a bajar el colchón y a preparar la cama en el suelo. Cuando termino, me doy cuenta de que no tengo la tarjeta que sirve para abrir la habitación. La busco y la busco, pero no está. Bajo de nuevo y se lo cuento al recepcionista, que me da otra (creo que para perderme de vista de una vez).

Ahí por fin puedo cenar (llevaba sin comer nada desde las dos de la tarde) e ir al bar del hotel a por un café, pero la camarera me dice que está cerrando caja y que tendría que volver a hacer todas las cuentas, así que, sin más, vuelvo a subir a la habitación e intento dormir. En aquel momento me sentía fatal. Todo parecía salir al revés y lo único que me apetecía viendo cómo iba el fin de semana era volver a casa.

Como ya imaginaréis, dormí fatal. Mis compañeras de habitación tampoco tuvieron buena noche. Cada vez que una se despertaba un poco en sueños y me veía tirada en el suelo ponía una cara de susto divertidísima. Creo que pensaban que me había caído desde la litera con colchón y todo.  En medio de la noche, noté que algo me pinchaba la espalda. Tras mucho retorcerme para buscar qué era, encontré la tarjeta para abrir la habitación que había perdido (la metí debajo de la almohada, pero cuando me levanté por la mañana ya no estaba. Un auténtico misterio). Para rematarlo, algunas de mis compañeras de habitación se levantaron a las seis de la mañana y una de ellas se me cayó encima, con maleta y todo.

Me desperté con un bajón de azúcar y decidí tomármelo de forma positiva, así que me pegué un desayuno de campeonato, me preparé, cogí mi mapa y me marché a recorrer Madrid. Sorprendentemente, tampoco me perdí esta vez y encontré el sitio tan rápido que la gente de recepción que tenía que recibirnos aún no había llegado. Así que me armé de más espíritu aventurero y me lancé a buscar un Starbucks para tomarme un pijocafé, que de eso no tenemos en Bilbao. Sí, me clavaron, pero como ya me lo esperaba, ni me dolió y la verdad es que el café estaba buenísimo.

Pijocafé

El pijocafé de Starbucks

Volví de nuevo al Colegio de Arquitectos de Madrid, donde se celebraba el encuentro y, nada más llegar, vi una cola enorme. Se suponía que el evento empezaba a las nueve y media, pero nos tiramos hasta más de las diez en la cola. Por suerte, encontré a algunas personas agradables con las que hablar y la cosa comenzó a mejorar. Además, nos entregaron una bolsa de regalo con un boli, una libreta y una taza de Amazon.

Regalos #AmazonAcademy

Regalos de bienvenida a la Amazon Academy

Cuando conseguimos entrar, me encontré con que habían preparado un desayuno. Como desayunar tres veces en una mañana me parece excesivo (incluso para un hobbit), decidí dejarlo pasar y me quedé echando un cigarrete en el jardín. Y ya por fin, empezó el evento, pero, como esto me está quedando muy largo, seguiré mañana 😉

Jardín del COAM

Planta jardín del Colegio de Arquitectos de Madrid, donde se celebró el evento.

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3 Respuestas a “Primer encuentro de escritores autopublicados de Amazon Academy (1ª parte)

  1. ¡Que interesante! La verdad he andado un poco desconectado (tengo muchos exámenes, me he metido en unos cursos y todavía en otro proyecto xD) pero me agrada saber que haz ido y que escribieras tu experiencia. Me voy de inmediato a ver la segunda parte :).

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  2. Pingback: Lo reconozco: Soy muy cansina con las portadas | La Red de Caronte

  3. Pingback: ¡DOS AÑOS COMO ESCRITORA AUTOPUBLICADA! | Gemma Herrero Virto

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