Una segunda oportunidad para una princesita peluda

Ezki

Hoy no vengo a hablaros de mis libros, ni de cómo andan las cosas en el mercado editorial. Hoy vengo a hablaros de Ezki, la última invitada a nuestro hogar.

Ezki es una pastorcita vasca de 3 años. Como es monísima y de pura raza, con sus 8 apellidos vascos en regla, tuvo la “suerte” de que una familia de bien la comprase porque quedaría genial en el jardín de su chalet. Durante 3 años, la tuvieron allí como quien pone un jarrón y la utilizaron para criar más pastores vascos de pura raza con los que, además, sacarse un sobresueldo, que siempre viene bien en los tiempos que corren.

El problema es que Ezki no es un jarrón. Es un ser vivo que necesita atención y cariño y un buen mimo detrás de las orejas y unas palabras cariñosas y un ratillo de juego. Cerca del jardín donde vivía, había un colegio lleno de críos que jugaban y reían, así que Ezki pensó que seguro que allí podrían darle los mimos y juegos que tanto echaba de menos.

Aprendió a escaparse y a llegar hasta el colegio para pasar un rato, pero, cada vez que su dueño la volvía a encontrar, estaba más y más enfadado. Ella no podía entenderlo. Sólo quería estar acompañada un rato, tampoco estaba haciendo nada malo. Miraba a su dueño con sus ojitos redondos casi dorados, tratando de que él la entendiese, pero el enfado del hombre crecía más y más.

Un día el hombre se hartó y decidió sacrificarla. Habló con Asaam Bizkaia, una asociación de adopción de animales, y les dio un ultimátum. Si para el jueves de la semana siguiente no habían conseguido un nuevo hogar para Ezki, la sacrificaría.

Y así es como nosotros nos enteramos de su existencia y, a pesar de que tenemos un perrazo de 37 kilos y 3 gatos demoniacos, decidimos que, si no aparecía nadie más, haríamos el esfuerzo de acogerla para salvarle la vida.

El jueves en el que se cumplía el plazo, yo estaba de los nervios, temiendo que su dueño se hubiese cansado antes de tiempo y ya la hubiese sacrificado. Resulta curioso que yo, que ni siquiera la conocía, estuviese histérica por la suerte que pudiese correr, mientras que la persona que había convivido con ella los últimos tres años pudiese decretar su muerte sin pestañear. Creo que algún día descubrirán que hay discrepancias genéticas entre las personas y que, en realidad, pertenecemos a dos especies distintas: los humanos y los inhumanos.

Bueno, el caso es que el hombre había firmado los papeles para ceder a la perra a la asociación y quedaron para que esa misma tarde pasarán a buscarla. Yo seguía sin creerme que la fuesen a entregar (al igual que seguía creyendo que lo del sacrificio tenía que ser un farol, que nadie sería tan hijo de puta). Pensaba que, en el momento de ir a entregarla, cuando viese los ojillos de Ezki, el hombre se daría cuenta de que no podía vivir sin ella y se echaría para atrás. Pero ni siquiera estaba en casa cuando llegaron a buscarla porque se había ido a esquiar.

Su mujer entregó a la perra a los miembros de la asociación, diciéndoles que estaba loca, que no sabía hacer otra cosa que correr y escaparse, que ni siquiera respondía a su nombre… Aprovecharon el ratillo en el que sus dos hijos estaban en el cole para deshacerse de ella. Seguramente les dirán que se volvió a escapar y que esta vez no han podido encontrarla. Son pequeños, así que quizá la olviden, pero, si no es así, si dentro de unos años siguen pensando en aquella perrita con la que compartieron sus primeros años de vida y se preguntan si estará bien, ojalá encuentren mi blog y sepan que está a salvo y que es feliz. Y ojalá se enteren de la clase de padres que tienen y les hagan lo mismo cuando sean viejos y molesten y el alzheimer les haga escaparse de casa a dar una vuelta.

Y así llegó Ezki a mi casa. Estaba tan asustada que casi no se le veía la cola. Se había mareado en el viaje en coche y se había vomitado todo el pelo. Además, no estaba acostumbrada a entrar en espacios cerrados y costó un triunfo meterla en el ascensor. Tampoco le gustó nada que la bañasemos, ni que mis gatos la bufasen como si acabaran de ver un monstruo.

Pero en un ratillo se fue animando. Descubrió el cuenco de la comida y comprendimos el por qué de su nombre (Ezki significa lima en euskera). La llevé con mi otro perro a una campa en la que se les puede tener sueltos y, aunque a ella no la solté porque no me fiaba, se la veía feliz viendo a la gente y a los otros perros.

En sólo unos días ya ha aprendido a andar formal con correa, a responder a su nombre y acudir cuando la llamas y está aprendiendo a sentarse. Sólo con verte o con que digas su nombre empieza a mover la cola como si fuese el mejor momento del día. Le encanta tumbarse a tu lado y se queda muy quieta si le haces un mimo en la cabeza. También le gusta jugar a perseguir gatos (aunque a ellos no les haga ni puñetera gracia) y correr con otros perros. Ya la hemos soltado en la campa y es tan rápida y ágil que no hay quien la coja. Pero sólo hace falta llamarla para que venga corriendo a tu lado, moviendo la cola, contenta por estar haciéndolo bien.

Eso con sólo 6 días de convivencia. No somos el encantador de perros ni nada parecido, pero en sólo 6 días hemos conseguido lo que sus dueños, después de tenerla 3 años, decían que era imposible. Y el truco es muy simple: hacerle caso.

Lo que más me preocupa del caso es que sus antiguos dueños no han asumido su parte de responsabilidad en el problema (que para mí es del 100%). Para ellos el problema es que la perra estaba loca, así que es muy posible que, dentro de unos meses o unos años, decidan volver a conseguir una perra-jarrón para poner en el superjardín de su megachalet, porque quedará de lo más cool. Y la historia volverá a repetirse.

Hoy me han avisado de que hay una persona que se ha mostrado interesada en adoptar a Ezki. Espero que todo salga bien y que encuentre a una familia que la cuide como se merece y que les haga muy felices. Con eso nuestra misión estará cumplida, así que no entiendo porque llevo toda la mañana con un extraño escozor detrás de los ojos. La conozco desde hace 6 días y ya sé que, aunque todo vaya a terminar con un final feliz, la echaremos mucho de menos. Y eso me hace preguntarme de nuevo cómo sus anteriores dueños no sintieron nada, cómo es posible que haya gente capaz de separarse de su perro o de amenazar con matarlo. Yo no me considero una persona excepcional, sólo una persona normal. Pero, si yo soy normal, ¿entonces que son ellos?

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4 Respuestas a “Una segunda oportunidad para una princesita peluda

  1. PRECIOSO,SE ME HAN SALTADO LAS LAGRIMAS,MI PERRITO ES ADOPTADO CON TRES AÑOS,TAMBIEN SE ESCAPADA Y NO HACIA CASO,PERO CADA DIA ES MAS OBEDIENTE Y VA VIENDO COMO NO HAY NADA DE QUE HUIR,QUE GRANDES SON LOS CORAZONES DE LOS ANIMALES AQUI LO TENGO ENCIMA MIO JUNTO AMIS DOS GATOS,OJALA MAS GENTE ADOPTARIA A ANIMALITOS ABANDONADOS,TU HISTORIA ES PRECIOSA AUNQUE TRISTE ASU VEZ,PERO GRACIAS A VUESTRAS EXISTENCIA EZKI VIVE LOQUE EL SE MERECE

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    • Es increíble el cariño que te cogen en nada de tiempo y lo mucho que te dan sin pedir nada a cambio. Yo también espero que la gente se anime a adoptar animales abandonados y, sobre todo, que cuando alguien compre o adopte a un animal, sepa que es una responsabilidad muy seria y que es para toda la vida.

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  2. Hola, soy la persona interesada en adoptar a Ezki. Cuando me encontré con ella y su historia en internet me impactó mucho y cuando empecé a leer y vi que la fecha de sacrificio era el día anterior me puse hasta a temblar, luego ya vi que había sido acogida y el alivio fue enorme. A pesar de que en parte me cautivó nada más verla, ha sido a través de tus palabras cuando me he ido enamorando de ella.
    Sólo quería que supieras que si todo sale bien y podemos ser su familia, cosa que espero con toda el alma que suceda, le daremos la mejor de las vidas posibles, igual que hicimos con nuestra perrita, y que eso será posible gracias a vosotr@s y a Asaam Bizkaia por salvarle la vida, esa vida maravillosa que unas malas personas quisieron arrebatarle. Y que podréis verla siempre que queráis:-) Mil gracias!

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    • Hola, Ainara:

      Encantada de conocer a la que espero que pueda ser la futura mamá de Ezki. Si te has enamorado por mis palabras, espera a verle los ojillos y vas a caer rendida de amor. Es un cielo 🙂
      A ver si pronto os dicen algo y podéis adoptarla, no por librarnos de ella, sino porque sabemos que, cada día que pase con nosotros, nos va a ser más difícil separarnos. En cuanto a la posibilidad de verla, os estaríamos muy agradecidos si alguna vez podemos quedar o si, al menos, nos podéis mandar alguna foto.
      Nunca habíamos sido casa de acogida (bueno, sí, de nuestra gatilla Cyllan, pero al final nos la quedamos) y, aunque es muy gratificante haber contribuido a salvarle la vida, es muy duro.
      Un abrazo muy fuerte :-*

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