Parte I. La profecía. Capítulo 3: El espejo de la verdad (Páginas 15-16)

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Las gigantescas puertas del Consejo de sabios se abrieron, dejando entrar un poco de luz solar en la enorme estancia. Luna se agarró del brazo de Emma, intimidada por el oscuro escenario, las enormes antorchas y las decenas de miradas que se clavaban en ellos. Arne abrió la marcha, despertando ecos en el suelo de madera con su báculo. Un silencio absoluto siguió su caminar hasta el centro del círculo. A Luna le recordaron a un grupo de lobos que esperase el mejor momento para saltar sobre la presa.

Al cabo de unos segundos, se atrevió a levantar la mirada del suelo y observó a los sabios del consejo. La gente sentada en las gradas difería mucho de la imagen de ancianos venerables que ella se había formado. Casi todos parecían ser menores de cuarenta años, incluso alguno de ellos aparentaba menos edad que la propia Luna. Lejos de llevar las togas blancas que ella había imaginado, vestían túnicas de alegres colores.

— ¿No son muy jóvenes?— preguntó Luna, susurrando, acercándose al oído de Emma.
— Parece ser que en Eilean la gente elige al entrar el cuerpo con el que más a gusto se siente— contestó Emma, mientras seguía caminando con dignidad—. No les juzgues por su apariencia. Arne me ha dicho que aquí hay gente que tiene más de mil años.

Luna les observó asombrada. ¡Mil años! No podía ni imaginarse lo que sería llevar una existencia tan larga. Se sintió intimidada por la experiencia y el saber que debían atesorar aquellas mentes. A su lado, ella no era más que un bebe. Deseó con todas sus fuerzas que no la hiciesen hablar.

— Excelentísimo consejo— clamó Arne, una vez llegó al centro de la sala—. Soy Arne Jorgenssen, guardián de la puerta de Dorsan. Me presento aquí con Emma Cortés y su sobrina Luna, ambas recién llegadas de la Tierra. Nos acompaña también Deneb de Hordaland, que ha sido enviado desde Cathcaill en misión diplomática para estrechar relaciones entre nuestros pueblos.
— Sed todos bienvenidos— una muchacha se levantó y dio unos pasos al frente, haciendo una graciosa reverencia—. Soy Nélida, portavoz del consejo. ¿En qué podemos ayudaros?

Luna la contempló asombrada. No parecía tener más de quince años pero el aplomo de su voz y su porte seguro desmentían esa imagen. Tenía el pelo rubio tan largo que rebasaba sus rodillas y vestía una túnica celeste. Sus ojos eran grises y fríos y les observaban con fijeza y suspicacia, desmintiendo la amabilidad de sus palabras.
Arne hizo una seña para que Emma se adelantara. Ella soltó el brazo de Luna y dio unos pasos al frente. Tras aclararse la garganta empezó a hablar, relatando toda la historia: el sueño en el que se le pedía ayuda para Eilean, su paso desde la Tierra, su encarcelamiento y torturas en Cathcaill… Habló sobre lo que había podido entender acerca de la profecía que Aradia intentaba cumplir y sobre su búsqueda de una elegida que traería de vuelta la magia y salvaría Eilean. Finalmente, relató el rescate que Luna había realizado en circunstancias extremas.

—…y en el momento en que Daiva iba a dispararnos otra bola de fuego, Aradia se lo impidió gritándole que podía herir a la elegida. Francamente no comprendemos a quién se podía estar refiriendo— terminó por fin, haciendo una reverencia con la cabeza antes de retroceder de nuevo un par de pasos.
— Parece bastante obvio— contesto Nélida con una sonrisa—. Tenía que referirse a vuestra sobrina.
— Disculpad pero eso no puede ser— interrumpió Emma—. Mi sobrina casi no posee formación mágica y, por lo que he podido observar hasta el momento, tampoco tiene ningún poder extraordinario.
— Eso no es importante. Las profecías son caprichosas y a menudo no entendemos el por qué de sus elecciones— respondió Nélida antes de girarse hacia algunos de sus compañeros y esperar a que aprobasen con la cabeza, como si estuviesen manteniendo una conversación sin palabras—. Debemos reflexionar sobre este tema. Si Aradia quiere cumplir esa profecía, mucho nos tememos que su fin no es bueno para nosotros. Y dado que la chica podría ser el instrumento que Aradia está buscando para su cumplimiento, deberíamos impedir que cayese en sus manos a toda costa. Por eso debéis permanecer en Poscait, donde estaréis seguras, hasta nueva orden.
— ¿Nos estáis deteniendo?— preguntó Luna, adelantándose—. No me lo puedo creer.
— No esperaba esto de vosotros— intervino Emma—. Acabo de conseguir liberarme de Aradia para que se me vuelva a detener sin ninguna causa. Habláis muy mal de la gente de Fasghaid para comportaros de una manera tan similar.
— No toleraré ese tipo de insultos hacia el consejo— la voz de Nélida fue sólo un frío susurro pero pareció despertar ecos en la sala—. No sois nuestras prisioneras. Sois nuestras invitadas y nuestras protegidas. No va a haceros daño quedaros unos días entre nosotros. De todos modos, no creo que tengáis prisa por ir a ningún sitio.
— Hemos venido aquí porque queríamos pediros vuestra ayuda para regresar a la Tierra— la interrumpió Luna, intentando sonar razonable—. Si conseguimos volver, estaremos lejos de Aradia, como vosotros deseáis.

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