Parte I. La profecía. Capítulo 2: Un paseo por Poscait (Páginas 9-10)

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Volvieron a cabalgar hacia la ciudad. Tras pasar un par de puentes más, los maullidos de los gatos se debilitaron, permitiéndoles disfrutar de la tranquila atmósfera que impregnaba la ciudad. Se escuchaban lejanas melodías, el sonido del trabajo de los artesanos, los murmullos de las conversaciones de la gente reunida en las puertas de las casas para disfrutar de la brisa… Toda la ciudad transmitía una sensación de paz y quietud, casi parecía que la palabra prisa hubiese sido desterrada.

Cabalgaron hacia una posada cercana al centro y pidieron dos habitaciones. Nada más subir, Luna abrió las ventanas para seguir disfrutando de las vistas mientras hubiese luz. Las fachadas de las casas, tan pulidas y perfectas que parecían gigantescas joyas, seguían emitiendo reflejos nacarados.

— Vamos a bajar a cenar, Luna— le dijo su tía—. Deberías darte prisa si quieres bañarte y cambiarte de ropa.
— No puedo cambiarme de ropa— contestó Luna—. No tengo más.
— Quizá mañana deberíamos ir a comprarte algo— sugirió Emma.
— No pienso ponerme una de esas túnicas que llevan aquí, son ridículas— protestó Luna—. Y dudo mucho que pueda comprar unos pantalones vaqueros.
— Pues al menos deberías lavarla— Emma se acercó para observarla e hizo un gesto de asco al contemplar las manchas—. ¿Cuántos días llevas con eso puesto?
— No lo he calculado. Al menos una semana.
— Así no puedes presentarte ante el consejo. En cuanto acabemos de cenar, la lavaremos y rezaremos para que esté seca por la mañana.
— ¿El consejo? ¿Cuándo vamos a ir a verles?— preguntó Luna, ansiosa.
— Pediremos audiencia por la mañana, espero que no tarden mucho en recibirnos— contestó Emma, abriendo la puerta para que la siguiera—. Vamos, cenemos lo antes posible. Tenemos muchísimas cosas que hacer y me gustaría dormir antes de la medianoche. El viaje a caballo me ha dejado rendida.

Cuando Luna despertó a la mañana siguiente, su tía ya no estaba en la habitación. Abrió las ventanas de par en par y se sorprendió al ver que el sol estaba ya muy alto en el cielo. Recogió su ropa ya seca, que Emma había dejado doblada encima de una silla, se vistió y salió de la habitación, esperando encontrarles en el comedor.

La posada estaba casi vacía a aquellas horas, tan solo la ocupaban el dueño, que limpiaba vasos con gesto aburrido, y un joven vestido con una larga túnica de tela basta con capucha. Al escuchar sus pasos, el joven se dio la vuelta y Luna reconoció la sonrisa alegre de Deneb. Se acercó a él, observándole confusa.

— ¿Qué ha pasado con tus ropas?— le preguntó sentándose frente a él y cogiendo uno de sus panecillos—. Parece que te has escapado de “El nombre de la rosa”.
— ¿Y qué es eso?— preguntó él, con gesto confuso.
— Ah, bueno… Una historia de mi época sobre monjes franciscanos— contestó ella—. Sabes lo que son los franciscanos, ¿verdad?
— Por supuesto. En Bergen, mi ciudad, eran los encargados de la catedral de San Olaf— explicó él—. Muchas veces pensé que, si no hubiese sido el heredero del condado, me habría gustado unirme a ellos.
— Estoy segura de que las muchachas del condado se habrían rebelado ante la idea de que te hicieras monje— bromeó Luna.
— No te creas. Siempre se me han dado mejor los libros que las mujeres. Además, ya tenían a mi hermano dando vueltas por la ciudad para hacerlas suspirar a todas— Deneb recogió un último panecillo y se levantó de la mesa—. Emma y Arne se han ido a hacer unas compras. El Consejo ha aceptado recibirnos estar tarde y creo que Emma quería encontrar algo que ponerse. ¿Te apetece dar una vuelta por la ciudad?
Luna se levantó de inmediato y le siguió a la salida de la taberna. Parecía que a aquella hora la ciudad tenía algo más de vida. Muchas personas caminaban por la calle y, a lo lejos, se escuchaba el alboroto de una plaza de mercado.
— ¿Tú también quieres ir a comprar algo?— le preguntó Deneb.
— No, no necesito nada y, según me han dicho, ya he gastado bastante dinero para una buena temporada— bromeó ella—. Prefiero que me enseñes la ciudad.

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7 Respuestas a “Parte I. La profecía. Capítulo 2: Un paseo por Poscait (Páginas 9-10)

    • Tranquila, esta parte todavía es de introducción, para conocer el mundo y los personajes. No creo que haya nada que te quite el sueño. Más adelante, ya se verá…

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