Arcanos: Parte I. La profecía. Capítulo 1: El pacto (Páginas 1-2)

1. El pacto
Luna despertó al oír los ruidos procedentes del exterior de la cabaña. Creyó reconocer los relinchos y carreras de varios caballos al galope. ¿Habría llegado gente nueva a visitarlos? Se levantó, se vistió a toda prisa y salió. Arne y Emma estaban sentados en un tronco, mientras un grupo formado por más de una docena de caballos daba vueltas alrededor suyo.

— Esa yegua gris me gusta— comentó Emma, señalando—. Parece fuerte y tranquila.
— Adjudicada entonces— dijo Arne—. Pero, ¿no te parece que la cola me ha quedado un poco corta? Podría invocarla de nuevo y mejorar ese detalle.
— No, me gusta así. Le da un aspecto muy simpático— contestó Emma, levantándose con una sonrisa. Como si les hubiera entendido, la yegua se separó de sus compañeros y se acercó a Emma para dejar que la acariciara—. Parece que yo también le gusto.
— No te encariñes demasiado con ella. Recuerda que no es real— le aconsejó Arne.
— Bueno, aunque desaparezca cada noche, siempre podrías volver a invocarla para mí, ¿no es así?
— Desde luego, aunque espero poder conseguiros unos caballos de verdad en Poscait— el anciano se giró hacia Luna con una sonrisa—. ¿Cuál quieres tú, hija?

Luna se acercó, sintiéndose feliz al ver que el enfado de Arne parecía haberse esfumado. Se sentó al lado del anciano, contemplando atónita la carrera de la manada. No podía creer que aquellos animales no fueran reales. Eran tan perfectos hasta en su más mínimo detalle…

— Te lo agradezco mucho, Arne, pero yo nunca he montado en caballo y creo que sería un desastre que lo intentara.
— Bueno, ya has demostrado que eres una experta amazona de hipogrifos y dragones, así que controlar un caballo no debería resultarte muy difícil— contestó Arne con una sonrisa irónica—. Además, no creo que quieras seguirnos corriendo hasta Poscait.
— ¿Nos vamos a Poscait?— gritó Luna, emocionada.
— Sí, anoche después de que te durmieras, mantuve una conversación con Arne y Deneb— contestó Emma, volviendo para sentarse junto a ellos—. Hay muchas preguntas que no podemos contestar y creemos que el Consejo de Sabios podría ayudarnos.

Luna sonrió y se levantó para ver a los caballos más de cerca. Le alegraba la idea de ir a Poscait, de conocer una de las grandes ciudades de Eilean y a los grandes magos que la habitaban y que quizá pudiesen ayudarlas a regresar a la Tierra, pero le molestaba no haber sido invitada a aquella conversación. Seguían tratándola como a una cría que molestase y que no debiera estar presente en las conversaciones de los mayores. Decidió no protestar, segura de que sacarían el tema de sus dos escapadas como prueba de su inmadurez. Aquello estaba todavía muy fresco. Sería mejor dejar las cosas como estaban.

— ¿Te gusta ese caballo negro? ¿El de la mancha blanca en la frente?— preguntó Arne a su espalda.
Luna se volvió, confusa, mirando los ojos blancos del anciano sin saber qué decir.
— Disculpa, Arne…—dijo tímidamente—. Igual te parece una grosería pero… ¿tú no eras ciego?
— Por supuesto, chiquilla— contestó Arne tras soltar una potente carcajada—. Pero estos caballos los he invocado yo, los he imaginado y los he traído a la vida. Tengo en mi cabeza cada uno de sus detalles. Si no fuera así, se desvanecerían.

Luna asintió y volvió a contemplar a los animales, planteándose que la magia le parecía más complicada cuanto más la conocía. Ella nunca sería capaz de una concentración semejante, por muchos años que se entrenase. Después de unos minutos, señaló a un caballo castaño, con unas largas crines rubias.

— Me gusta ése, el de las patas peludas— le dijo a Arne—. ¿Podría quedármelo?
— Claro, los he hecho para vosotras— contestó el anciano. Se levantó, dio una palmada y todos los caballos desaparecieron, exceptuando los dos que habían elegido y un enorme percherón con aspecto cansado—. Ese otro para mí, no tengo cuerpo para llevar un caballo fogoso.
— ¿Cómo se llama el mío?— preguntó Luna, acercándose al animal, que relinchó alegre, como si recibiera a su dueña de toda la vida.
— No tienen nombre, son sólo invocaciones. Ya le he dicho a tu tía que es mejor que no os encariñéis demasiado con ellos.
— Pues creo que llegas tarde— comentó Emma al ver los abrazos que Luna estaba dándole a su caballo—. ¿De verdad tienen que desaparecer?
— Bueno, ya te he dicho que podría invocarlos de nuevo cada mañana… ¿No preferiríais unos caballos de verdad?— preguntó Arne, implorante—.Son muchísimo más fiables y no requieren de ningún hechizo para mantenerlos. Sería un gran esfuerzo para mí tener que…
— Me gusta mucho este caballo, es muy simpático— gritó Luna mientras intentaba subirse. El caballo giraba sobre sí mismo como si estuviera jugando—. ¿De verdad no tiene nombre?
— Lodden. Puedes llamarle Lodden— se rindió Arne—. Significa peludo en noruego.
— Me encanta. Le dejaré un rato para que se tranquilice—. Luna miró a los caballos y de pronto su rostro se ensombreció—. ¿Deneb no viene?
— Sí, por supuesto. Ha ido a Dorsan a comprar algunas cosas para el viaje— explicó Arne, levantándose con esfuerzo—. Saldremos en cuanto vuelva, así que será mejor que preparéis vuestras cosas.

Anuncios

2 Respuestas a “Arcanos: Parte I. La profecía. Capítulo 1: El pacto (Páginas 1-2)

  1. Pingback: Arcanos: Parte I. La profecía. Capítulo 1: El pacto (Páginas 5-6) | La Red de Caronte

  2. Pingback: Parte I. La profecía. Capítulo 2: Un paseo por Poscait (Páginas 7-8) | La Red de Caronte

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s