Mi gato ve fantasmas

Rahu, el gato que acaricia fantasmas

Rahu, el gato que acaricia fantasmas

Los que hayáis leído mi novela Ojo de gato, recordaréis a Rahu, el gato que acompaña a la protagonista y que percibe la presencia de espíritus. Lo que quizá no sepáis es que, tiempo después de terminar la novela, adoptamos un gatillo negro y le pusimos Rahu de nombre.

Este gato fue repudiado por su madre, una gata callejera que vivía en unas escuelas abandonadas, cuando apenas tenía un mes de edad. Como no le daban de comer después de varias noches llorando, decidió buscarse la vida, cruzando para ello cuatro carriles de carretera hacia una acera por la que pasaba más gente. Allí estuvo llorando varias horas, sin que nadie le ayudase más que arrojándole un mendrugillo de pan que el pobre no tenía dientes para comerse, hasta que pasó una chica de una asociación de ayuda a los animales (ASAAM Vizcaya), que lo recogió y lo llevó a casa para buscarle un hogar. Y de allí, vino a vivir con nosotros.

Rahu es un gato muy especial. Quizá por ese temprano abandono, es demasiado dependiente de las personas. Se sube encima tuyo todo el rato, restriega la cabeza contra tu cara, te abraza… Y hace una cosa muy extraña, que yo no le había visto hacer a ningún gato. Estira la patita, con las uñas totalmente guardadas y te acaricia la cara, muy despacio, moviendo la pata suavemente de arriba a abajo.

Ayer estaba tan tranquila sentada delante del ordenador cuando Rahu se subió al escritorio. De repente, se puso muy atento, con la mirada fija al frente y las pupilas enormes y redondas, como si estuviese viendo algo. Yo miré en la dirección en la que él estaba mirando, por si había encontrado algún bicho que quisiera cazar, pero no había nada. Entonces hizo algo muy raro. Se puso totalmente de pie, apoyado sólo en las patas traseras, estiró una de las patas delanteras, con las uñas totalmente guardadas y se pasó un minuto moviendo despacio la pata arriba y abajo, como si estuviese acariciando la cara de alguien que no estaba ahí, con la mirada totalmente clavada en la zona que acariciaba, como si estuviese viendo a alguien que estuviese de pie justo al lado de mí.

Esto no es un cuento de miedo, aunque lo parezca. Es una historia totalmente real. No me morí de miedo porque era de día y porque dicen que los gatos espantan a los espíritus malignos, así que, fuese lo que fuese lo que había ahí, tenía que ser bueno X-D

Dentro de lo que cabe, me lo he buscado. A nadie tan cagueta como yo se le debería ocurrir ponerle de nombre a su gato el de uno que percibe espíritus. Sólo lo escribo porque me resultó muy curioso, ya que parece el comienzo de una historia de terror, de esas que, mientras las estás viendo dices “¿Pero cómo es tan tonta la tía? ¿No se da cuenta de que hay un fantasma? Si el gato más claro no se lo puede decir…”. Pues bueno, en la vida real pensamos que será que el gato se ha vuelto loco, que estaba haciendo el tonto un rato o simplemente que sabe que me acojonan los espíritus y quiere tomarme el pelo.

A todo esto, si algún etólogo lee el post y sabe explicar el comportamiento de mi gato, le estaría muy agradecida. Ahora me voy a echar sal por las esquinas y rociar las paredes con agua bendita, no vaya a ser que tengamos un disgusto 😉

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