Una escritora novel en el infierno (IV. La correccion)

Una vez decidida a cometer semejante sacrilegio con mi obra, decidi que ya de hacerlo, hacerlo bien. Asi que dedique los siguientes tres meses de mi vida a recortar paginas, reescribir capitulos enteros, inventar algunos nuevos y, sobre todo, releer, releer y releer para que no quedase nada colgando.

Es una actividad muy complicada porque, como para una misma todas las paginas continuan en su cabeza, llega un momento en que ya no sabes si tal escena sigue estando en la novela, la eliminaste al final o tienes que colocarla mas adelante. Aqui tengo que agradecerle a mi novio (al que todavia no he preguntado si quiere ser citado, por lo que le mantendre en el anonimato), las cientos de veces que releyo y corrigio cada pagina con una paciencia infinita y una punteria siempre certera (y muy puñetera) a la hora de detectar el mas minimo error.

¿Que hacia mientras tanto mi correctora en Sevilla? Supongo que muchas cosas con su vida pero lo que es con mi novela, mas bien poco. Resulta que la buena mujer no tenia Internet en casa. Y os preguntareis, ¿entonces como iba a trabajar con alguien que estaba en Bilbao en un trabajo que habria requerido supervision constante? ¿No se dieron cuenta en RD de que aquello era una dificultad para el trabajo que me habian encargado? Pues supongo que se la traia al pairo, como todo lo que se referia a mi persona.

Mi correctora solo podia acceder a Internet los fines de semana, desde su trabajo en la television andaluza. Asi que, siempre que no ocurriese alguna noticia importante que se lo impidiera, recogia mis e-mails el viernes, se leia por encima los folios que yo habia corregido y me mandaba cuatro lineas escrita deprisa y corriendo en las que mas que nada me decia que iba bien.

La novela tenia que estar entregada para principios de enero, asi que me pase currando como una negra todas las navidades.  En esa epoca, mi correctora no me contesto ni un solo e-mail y cuando la llame por telefono para preguntarle que pasaba me contesto que ella ya habia avisado al editor de que no pensaba dedicar a aquello las navidades y que el habia estado de acuerdo. Me pille un rebote increible porque, ¿no faltaba consultar (o al menos comentar) a otra persona que podiamos tomarnos unas vacaciones?

Para entonces yo ya estaba curada de espanto y pasaba de discutir con ellos (aunque me seguia pillando unos berrinches de ordago en cuanto colgaba el telefono), asi que segui con mi trabajo como si no pasara nada. Entonces mi correctora me comento que se habia quedado sin Internet en el trabajo (supongo que la pillarian dedicando su tiempo a actividades que no tenian nada que ver con su curro y le caeria un broncazo. Se que soy mala pero me alegro).

Asi que la correccion se volvio aun mas complicada. Yo se lo mandaba a RD, estos lo imprimian y se lo enviaban por mensajero, ella lo recibia, lo leia, les mandaba la respuesta y ellos me la enviaban a mi. Si os habeis hecho ya una idea aproximada de la profesionalidad y eficacia de la gente que trabajaba en la editorial, podreis comprender porque hubo momentos en los que crei que la novela no se publicaria nunca.

Llego un momento en que ya no supe que mas acortar. Habia eliminado lineas de accion enteras, pistas, interrogatorios, escenas de interaccion entre los personajes… Habia resumido todo lo resumible. Incluso me habia dedicado a releer frase por frase intentando encontrar aquellas en las que se podia decir lo mismo con menos palabras (esto fue un ejercicio buenisimo porque te acabas dando cuenta de que, a veces, por el simple hecho de que una frase quede mas elegante, has metido una parrafada de seis lineas que se puede resumir en una y media y que, encima, queda mejor, mas directo y eficaz).

Despues de luchar contra Word pagina a pagina, intentando que no quedase ni una sola hoja que tuviese escrito menos de medio folio y que uniese parrafos con los siguientes aunque el programa se empeñase en que ya no cabia mas, me di cuenta de que era imposible seguir reduciendo aquello. Pense en llamar a Rogelio para comentarle que necesitaba 50 o 60 paginas mas pero desisti nada mas plantearmelo. Seleccione todo el texto, reduje margenes, cambie el doble espacio por uno y medio… Magicamente la novela se redujo a 217 paginas. Les envie el borrador final a ver si colaba. Y colo.

En aquel momento pense que por fin habria acabado la tortura y empezaria a disfrutar del maravilloso sueño que supone ver publicada tu primera novela. Joder, como me equivocaba…

Me pidieron que les enviase fotos en plano americano y blanco y negro. Yo pensaba que era la editorial la que se encargaba de sacar las fotos pero es muy posible que en eso me equivocara. Asi que tuve que sacarme otras ocho mil pelas del bolsillo para pagar un reportaje fotografico que les envie para que ellos, con toda su mala leche, eligiesen la foto en la que estaba peor.

Me dijeron que cambiarian el titulo y que me mandarian unos cuantos para que opinase. Yo me negaba a cambiarlo pero Rogelio, tan amable como siempre, me comento que el contenido del libro era mio pero que la portada pertenecia a la editorial y por tanto se titularia como a el le saliera de ahi. Por suerte son tan vagos que nunca se pusieron a buscar titulos y, cuando el tiempo se les echo encima, lo publicaron con el que yo habia elegido.

En cuanto a la portada, me dijeron que me mandarian unas cuantas junto con la maqueta del libro para que pudiese opinar. La primera vez que yo pude opinar sobre la portada fue cuando tuve el libro en mis manos pero bueno, al menos, me gusto.

¿Y que decir del proceso de maquetacion? Pues fue tan surrealista que lo dejare para mañana, que ya me he quejado bastante por hoy.

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