Una escritora novel en el infierno (III. “Unos pequeños cambios”)

Una vez en mi casa, me encontraba con la dura labor de recortar una novela de 666 paginas a 220 en el plazo de cinco meses. Puede parecer facil si lo unico que quieres es meter la tijera y arrancar un trozo aqui y pegar otro alla pero cuando una tiene la ilusion de que su primera novela salga bien, requiere mas o menos escribir la novela desde el principio. Y ademas, digamos que yo era la madre de cada una de esas paginas y recortar cualquier escena, pues dolia.

A eso tenemos que sumarle que debia esperar a que Juan Bonilla contestase si iba a ayudarme con el proyecto. Las semanas fueron pasando y, a pesar de que yo llamaba a RD para interesarme, seguian dandome largas. Cuando tan solo quedaban tres meses, por fin me dijeron que Bonilla estaba muy ocupado y no podia encargarse del proyecto y que, a cambio, me ayudaria una periodista sevillana (ahora pienso que en ese momento debia haberles reclamado el millon de pesetas que no me habian dado como anticipo porque iban a darselo a Bonilla. De hecho pienso que seguramente el pobre Bonilla nunca tuvo ni idea de la existencia de mi novela pero, bueno, dejemoslo correr que me emparanoio).

Al menos me pagaron el viaje en avion a Sevilla para que pudiese encontrarme con mi correctora y que me diese unas “pequeñas directrices” sobre los cambios. Cuando la mujer empezo a hablar, crei que me daba un sincope. La novela estaba contada desde tres puntos de vista:

– Carlos, un maduro y cinico inspector de homicidios de la Ertzantza. Digamos que el era el personaje principal.

– Natalia, una joven forense, obsesiva y trepa.

– Gus, un friki, estudiante de informatica.

La gracia de la novela estaba en sus diferentes puntos de vista  y las relaciones entre ellos. Pues mi correctora me suelta que Rogelio quiere que la novela este contada integramente desde el punto de vista de la forense, ya que me voy a sentir mucho mas identificada con ella (claro, como toda la vida he sido una obsesiva del trabajo. Como se nota que no habian hablado con ninguno de mis ex-jefes). No se por que coño se supone que una mujer no puede escribir desde el punto de vista de un hombre y hacerlo bien mientras que a los escritores no se les pone ninguna pega para sus, las mayorias de las veces, vacios y ridiculos personajes femeninos. Por ejemplo, los personajes femeninos de Reverte dan pena y no creo que nadie haya tenido nunca los huevos de decirselo a la cara (bueno, yo ahora lo digo pero porque estoy segura de que nunca se leera este blog, que si no me lo callaba X-D).

Aquello significaba cambiar la novela entera y dejar de lado lo que para mi era la mayor virtud de la historia. Pero ahi no acababa la cosa. Querian que cambiase el final y dejase la historia de amor sin concluir para poder hacer una serie de novelas sobre Natalia, en plan imitacion barata de las novelas de Kay Scarpetta escritas por Patricia Cromwell (que ni siquiera me gustan).

La tia me dejo en su casa currando en los cambios de la novela mientras se iba a buscar a su hijo a la guarderia y a comprar (ole la profesionalidad) y yo me puse a trabajar eliminando capitulos enteros, pensando en los cambios que habria que hacer en otros… Aquello me parecia un sacrilegio, como si a Miguel Angel le hubiesen dicho que sus frescos de la capilla sixtina hubiesen quedado mejor quitando la figura de Dios para que Adan alargase su brazo tratando de alcanzar un coca-cola (salvando las distancias entre la obra de Miguel Angel y la mia, claro). Cada pagina que eliminaba me ponia de mas mala leche y me estaban entrando tantas ganas de llorar que, en cuanto mi correctora volvio, le explique por encima como iban a quedar los cambios y me marche de su casa.

Me quedaban tres horas para que saliese mi avion, asi que me dispuse a hacer turismo por Sevilla. El problema era que, como yo habia esperado una reunion seria y formal, me habia puesto mis mejores galas y no hay cristiano que ande por Sevilla con unas botas de tacon de aguja a las que no estas acostumbrada. Para mas desgracia, mi mente empezo a sugerirme que si me robaban el bolso, me quedaria tirada sin movil, sin dinero y sin billete de vuelta. Asi que ya podeis imaginarme dando vueltas por Sevilla, cojeando como una imbecil y abrazada a mi bolso de mano como si fuera un salvavidas.

Me sente en una terraza a tomar un cafe pero le veia a todo el mundo cara de delincuente. Y para colmo de males, los camareros parecian incapaces de entender mi idioma (el castellano de toda la vida). A ver por que demonios tenia que repetirles las cosas tres veces, cuando a los guiris les entienden a la segunda. Que tampoco tengo tanto acento vasco, la ostia.

Por fin llego la hora de coger el avion y salir de aquella ciudad a la que le habia pillado una mania infinita. Estaba tan cansada que me dormi a pesar de las turbulencias y los gritos de los demas pasajeros. Cuando llegue a casa, reflexione sobre todo aquello y decidi plantar batalla. La novela era mia y se suponia que les habia gustado tal y como era. ¿A que venia entonces querer convertirla en algo totalmente diferente? Asi que me arme de valor y llame a Rogelio exponiendole todas mis quejas.

Intente razonarle, explicandole que la novela era mucho mas original y ganaba en calidad literaria con un punto de vista “tripersonal” y el tio me contesto con toda la cara:

– Si lo que quieres es hacer literatura, hazla pero te la quedas tu en tu casa.

Me quede a cuadros. ¿Como es posible que alguien que es editor tenga en tan poca estima a los autores y a sus obras? No se como seran los demas editores, espero por el bien de la cultura española que no se parezcan en nada a Rogelio Delgado, una persona a la que se le llenaba la boca hablando de inspiracion, cultura y originalidad y que, con tan solo rascar un poco, dejaba mostrar que no es capaz de mirar mas alla de los euros que vaya a ganar o perder.

Aunque parezca mentira, no le mande a la mierda. Le dije que cambiaria la novela, aunque respetando la historia de amor (lo que me habia quedado muy claro es que yo queria que la novela quedase cerrada porque no pensaba escribir un ciclo de novelas para esa gente ni aunque me clavasen astillas bajo las uñas). Ahi empezo el proceso de correccion, nueva fuente infinita de disgustos y terrores que os narrare otro dia porque, si pienso demasiado tiempo en esto, me entra urticaria.

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